Hoy ha sido uno de esos inolvidables días que dejan marca. Sorprendentemente parecía empezarlo con mal pie: comidas de cabeza, alguna que otra paranoia existencialista debido a movidas y situaciones terrenales no del todo deseables… pero las aguas vuelven a su cauce y con una ayuda en combustión tomas conciencia de que - a pesar de no ser siempre fácil - hay que mirar la vida con alegría, porque es que no te queda otra… y en serio no hay nada más valioso.
Me escaqueo del curro, he quedado con Dani para el coffee de las 11h. Mala suerte, columpiándome entre mis movidas emocionales, me ando por las ramas y llego 40 minutos tarde… obviamente Dani ya no está en el Anthony’s. Errando por las calles de Paia topo con Dani, “…haciendo de turista” me dice. Decide tomarse otro café para acompañarme. Mi paranoico día empieza a mejorar cuando me anuncia la barbacoa de Lalo y consigo cambiar mi shift en Café Mambo para poder ir… A partir de allí es todo cuesta arriba…
Dejo de lado la casa que estoy pintando en Kuau para ir a Ho’okipa a por una sesión de windsurf con Dani. La verdad es que la sesión acaba siendo un desastre: mar plato, viento racheadísimo y las movidas de coco que vuelven a atacar tras una hora del windsurf frustrante!!! Decido ir a por un café antes de volver a meterme, sigo el consejo de Dani y voy directo a Lanes: un autentico éxito y cámara en mano, me obsequia con unas imágenes de este increíble baño (ver: descubriendo Lanes…).
Después de esta estupenda segunda sesión, llega la barbacoa más inesperada y disfrutada en casa de Lalo. Rodeados de figuras locales e inmersos en un gran ambiente nos sentimos ya plenamente integrados. El momento es auténtico, pero… lo más fuerte está aún por llegar. “Rosario” nos pasa un diminuto y aparentemente inofensivo rollo de papel. Tan en apariencia inofensivo, intimamos con el dicho rollo algo más de lo debido. Solo unos diez minutos después tomamos conciencia de nuestra inconsciente osadía de juguetones. El inocente rollo no era tan inocente, esto y nuestra más completa inexperiencia en “juegos y rollos de papel encendidos” provocan una reacción explosiva y descontrolada: la cabeza me da vueltas, todo parece moverse alejándose y acercándose de modo cíclico, parece que la realidad pierda sus formas y todo lo que nos rodea pierde su solidez y adquiere un aspecto blando y amorfo. Y de repente empiezo a reírme. Esto no hace más que empezar, veo a Dani que va por el mismo camino y acabamos a desternillantes carcajadas. Ha sido como apretar un detonador y perderse, no había modo de sacarnos de ese viaje de la risa tonta. Algo embarazoso sentirse como los únicos destrozados por el “inofensivo rollito de papel”. Algo mas embarazoso, sentir que replica tras replica la oleada de la risa tonta volvía y que dos horas después seguíamos sucumbiendo a oleadas de replicas.
Pero qué risa, cuanto nos hemos divertido y que claro está: de fumetas no tenemos nada, y es que con mucha honra, ni sabemos lo que es fumar. Lo que si sabemos claramente es que, sean cuales sean las movidas de la vida (y son muchas), somos felices y espero que no necesitemos volver a distorsionar la realidad para concienciarnos de ellos. Las movidas siempre se resuelven y la felicidad no tiene precio… gracias “rollito” por la lección.
Y mañana… repetimos Lanes.
Texto: Ascanio D’Ascanio - La Virgen de los vientos
Fotos: Dani Martí - mardelcoral.com y Eva Oude Ophuis
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Eremeeff